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(del griego ‘monon’, uno) en antropología niega la unión alma-cuerpo por afirmar que el hombre se reduce a un sólo componente natural. Los hay de dos tipos: 1) El espiritualista, que mantiene que el hombre es fundamentalmente su alma (ej. Platón, Berkeley, etc.). Es rectificable con un sencillo ejemplo que denota la perfecta compenetración, unidad, de alma y cuerpo en el hombre: la gripe. Cuando uno está enfermo piensa con dificultad. 2) El materialista, que sostiene que el hombre se reduce a su cuerpo, (ej. Nietzsche, Marx, etc.). Se puede rectificar con una crítica interna, pues la tesis de que el hombre se reduce a cuerpo no es ni corporal ni ningún miembro del cuerpo humano. Esta opinión es corregible también si se cae en la cuenta de que alma y vida son sinónimos, porque el alma es el principio vital. Nadie niega la vida, pero algunos pretenden negar la existencia del alma humana, considerándola como un producto de la imaginación. En Metafísica indica que toda la realidad es de la misma índole. Deriva de poner al ‘uno’ como primer trascendental. Es claro que el ‘uno’ tomado como trascendental impide que los demás trascendentales lo sean. Esta doctrina es típica del neoplatonismo. En la filosofía moderna la han defendido Spinoza y Hegel.